
Artículo de Anabel Sáiz Ripoll, especialista en Literatura Infantil y Juvenil
Juan Muñoz Martín (Madrid, 1929) es un autor de los considerados clásicos en la literatura infantil y juvenil puesto que lleva toda una vida escribiendo. Este año ha cumplido 80 años y es un buen momento para comentar algunos de sus libros. En 1979 obtuvo el Premio Barco de Vapor por Fray Perico y su borrico. Tres años después inaugura la saga de El pirata Garrapata. En 1984 fue finalista del Premio Gran Angular de novela juvenil por El hombre mecánico. En 1992 obtuvo el Primer Premio Complutense “Cervantes chico” de Literatura Infantil y Juvenil como el escritor más leído por los niños.
Juan Muñoz es un escritor de éxito ya que sus libros dedicados a “Fray Perico” y al “Pirata Garrapata” son superventas, lo cual sigue admirando a su autor, persona de gran humildad y talento. El pirata Garrapata es el primer libro de una serie que cuenta las aventuras de Garrapata, un hombre feroz y barrigudo con una pata de palo. Garrapata presume de ser el terror de Londres, aunque en el fondo es una buena persona. Un día le proponen que capitanee un barco pirata, y se convierte en el Pirata Garrapata. En el barco viaja también la señorita Floripondia, de la que se enamora Garrapata. En su viaje viven mil aventuras y encuentran un tesoro. Pero el malvado Pistolete, que llega en otro barco, lo roba, rapta a Floripondia y se marcha rumbo a África. Garrapata lo seguirá hasta el fin del mundo si fuera necesario... Como vemos, el personaje tiene todos los ingredientes para gustar a los pequeños y ¿por qué no?, a los mayores.

Fray Perico y su borrico, serie a la que dedicaremos las próximas líneas, es ya todo un clásico de la literatura infantil y juvenil del que se han publicado 49 ediciones y, en 2007, alcanzó la cifra de un millón de ejemplares vendidos. La aventura de Fray Perico y su borrico se desarrolla en un convento de Salamanca en el siglo XIX. Los veinte frailes del convento viven haciendo el bien y repartiendo lo poco que tienen. Un día llega un fraile rústico, gordo y colorado, que desea ser hermano como ellos: fray Perico. Pronto todos se dan cuenta de su infinita bondad y de que el nuevo compañero es capaz de hablar con la escultura de San Francisco que tienen en la iglesia.
Los frailes tienen nombres –o apodos- curiosos. El superior se llama fray Nicanor y se caracteriza por su sabiduría; aunque más sabio que él es el bibliotecario, fray Olegario, que tiene más de 100 años. El organista es fray Bautista. El fraile que da vueltas a la chocolatera es fray Cucufate. Fray Pirulero es el cocinero; fray Mamerto se encarga del huerto; fray Procopio es el que hace los experimentos; fray Silvino se encarga de las bodegas y del vino; fray Ezequiel es el que trabaja la miel; fray Rebollo es el panadero, fray Balandrán es el sacristán; fray Simplón es el albañil, aunque algo torpe. Como vemos Juan Muñoz busca nombres y oficios que rimen; es algo muy característico de su prosa, llena de musicalidad y de juegos de palabras que provocan la risa o al menos la sonrisa. Así, de fray Sisebuto dice, como no podía ser de otra manera, que “era muy bruto”, de fray Jeremías que era “el de la sastrería”; fray Tiburcio es el herrero; fray Opas “era un hacha con la garlopa”.
Fray Perico llega, pues, un día al convento, vestido de rústico y los frailes tratan de ubicarlo en algún sito, aunque parece difícil porque, aparentemente, no sabe hacer nada. Al principio los frailes son reticentes y no quieren que se quede con ellos, pero, cuando ven San Francisco se sonríe cuando escucha los cuentos de Perico deciden que se quede. Fray Perico es un alma cándida, bondadosa y llena de buenas intenciones, aunque a veces se equivoca de puro sencillo. No obstante, San Francisco y los frailes lo quieren de verdad. Y es que tiene unas ocurrencias dignas de comentario.
San Francisco se aburre mucho en el convento porque, aunque le tienen todos mucha devoción, “...del pobre San Francisco nadie se acordaba. Algunas veces le sacaban en procesión, le daban una vuelta por el pueblo y en seguida a casa” . Y encima pasa mucho frío el pobre santo: “El aire se colaba por debajo de la puerta como Pedro por su casa. San Francisco se metía las manos en los bolsillos cuando nadie le veía” . A San Francisco, una vez, lo sacan en procesión para pedirle que llueva, aunque la gente del pueblo se lía a pedradas cuando ven que no cae una gota. El santo al final se compadece de sus frailes y: “Guiñó un ojo a la nube y la nube comenzó a descargar unos granizos gordos como huevos de gallina”.
San Francisco aún ha de sufrir más cuando se lo llevan, por la fuerza, del convento, con motivo del saqueo que sufrió el edificio en la Guerra de la Independencia. Por último, todos los frailes regresan y el convento cobra vida y San Francisco sonríe complacido y murmura: “Ya estamos todos. ¡Uf, lo que me ha costado!”.

Juan Muñoz está en contra de las guerras y, para demostrarlo, en Fray Perico y la primavera empieza a hablarnos de una de tantas guerras, en este caso la de la Independencia, en 1808. Lo hace de manera sencilla y sin dramatismos, puesto que el relato nunca pierde el tono amable, aunque no deja de mostrar, como veremos, los desastres de la guerra. La llegada de la guerra se deja oír en el convento con “Un trueno muy confuso se oyó allá, por la llanura. Era algo terrible, como de otro mundo. El padre superior se llevó la mano al rosario y se le cayó una lágrima, de los ojos arrugados. Dijo tristemente: Eso debe ser la guerra... La guerra que llega, hermanos” .
Juan Muñoz, pese a que se dirige a niños, habla de los males de la guerra, aunque de manera tierna y sin descripciones dramáticas, aunque no puede evitar estremecerse cuando relata la resistencia de Salamanca y la muerte del joven Pascasio que defiende la bandera de España con su propio cuerpo, lo que causa la admiración del general francés: “¡Con esos soldados tan bravos va a ser difícil apoderarse del castillo!” . Uno de esos soldados, un guerrillero, es Juan Martín, el Empecinado, quien también aparece por el convento, “huyendo de los franceses. Es un guerrillero, un hombre que hace la guerra por su cuenta contra todo el ejército de Francia”.
Los relatos de Juan Muñoz pueden leerse en voz alta puesto que tienen el tono de los cuentos tradicionales. Es más, a cada paso escuchamos la voz del narrador que se dirige al lector –u oyente- en segunda persona y le cuenta algún secreto, alguna particularidad, así se establece una complicidad excelente entre el escritor y los pequeños lectores. Juan Muñoz es muy aficionado también a las onomatopeyas, le gustan los juegos de palabras, las rimas y maneja un estilo directo, no exento de poesía. La serie dedicada a Fray Perico nos cuenta distintas historias entrañables y divertidas que han hecho las delicias de un millón de niños y que seguro que continuarán siendo muy apreciadas entre la población infantil y, por supuesto, los lectores adultos.
Los libros protagonizados por este fraile bondadoso pueden leerse de manera independiente, pero es mejor hacerlo de forma ordenada porque una historia lleva a otra y a menudo la narración no acaba ya que deja en suspense al lector que ha de leer el siguiente título para ver qué pasaba.

LIBROS DE LA SERIE FRAY PERICO
-Fray Perico y su borrico, SM, Madrid, (53 2007), (El Barco de Vapor. Serie Fray Perico, 1)
-Fray Perico y la primavera, SM, Madrid, (5 2003), (El Barco de Vapor. Serie Fray Perico, 2).
-Fray Perico en la guerra, SM, Madrid, (30 2006), (El Barco de Vapor. Serie Fray Perico, 3).
-Fray Perico, Calcetín y el guerrillero Martín, SM, Madrid, (21 2006), (El Barco de Vapor. Serie Fray Perico, 4).
-Fray Perico en la paz, SM, Madrid, (16 2006), (El Barco de Vapor. Serie Fray Perico, 5).
-Fray Perico y Monpetit, SM, Madrid, (13 2005), (El Barco de Vapor. Serie Fray perico, 6).
-Fray Perico y la Navidad, SM, Madrid, (4 2007), (El Barco de Vapor. Serie Fray Perico, 7).
-Fray Perico de la Mancha, SM, Madrid, (3 2005), (El Barco de Vapor. Serie Fray Perico, 8).