
EL BOSQUE ENCANTADO,
De Ignacio Sanz,
Ilustraciones de Noemí Villamuza,
MacMillan Infantil y Juvenil, Col. Librosaurio,
32 págs., 210 x 210 mm, 2008, 10,90 €
A partir de los 3 años
Por Anabel Sáiz Ripoll, doctora en Filología y especialista en LIJ
El bosque encantado es uno de esos álbumes deliciosos que juega con el aprendizaje de los niños más pequeños y les permite, de una manera bonita e imaginativa, conocer el nombre de los dedos de la mano.
Ignacio Sanz, en verso, escribe una historia llena de metáforas y de imágenes sugerentes para que el niño sepa, al final, como se llaman sus dedos, pero no sólo eso, sino que estimule la imaginación e invente aventuras para cada uno de ellos. Así, el autor identifica el brazo con árbol y, a partir de aquí, comienza el juego metafórico. Ese árbol tiene cinco ramas que son los dedos y cada dedo presenta una característica propia. Parte, pues, de lo general para llegar a lo más concreto. El pulgar, dice, se llama así porque aplasta pulgas; el índice porque señala los peligros (y también es con el que nos hurgamos la nariz); el corazón es como un rey, porque está en el centro de la mano; el anular es el que lleva los anillos y, por último, el más simpático es el meñique, el más pequeño. Conocidos ya todos los dedos y todas las ramas, de nuevo los agrupa para formar con ellos un bosque muy particular y allí el autor sí imagina y fantasea porque supone que todos los dedos podrán ser abrigo de animalillos y , en definitiva, se convertirán en “el bosque encantado”.
El texto del cuento va acompañado de unas sugerentes ilustraciones que nos permiten leer e interpretar a la vez. No obstante, al final del relato se reproduce todo el poema para que el niño lo lea seguido, reconozca la musicalidad y puede que lo aprenda porque El bosque encantado es un libro para ser leído en voz alta, sin duda.
Ignacio Sanz, segoviano de nacimiento, aparte de otras ocupaciones, siente interés por la escritura que combina con sus trabajos en cultura tradicional y etnografía. Precisamente el libro que estamos comentando podría ser de gran utilidad para aquellas personas que quieran organizar una animación a la lectura con la participación de los pequeños ya que a la vez que se lee, se pueden ir señalando los dedos y jugando con ellos.
Noemí Villamuza, palentina, es una ilustradora muy conocida ya que ha publicado más de 25 libros, por lo tanto pone toda su experiencia al servicio de este relato al que imprime gracia y sugerencia, ya que las ilustraciones están hechas a dos colores, el marrón y el verde, que son los colores que encontramos en un árbol, en “El bosque encantado”.
MacMillan Infantil y Juvenil, Col. Librosaurio,
32 págs., 210 x 210 mm, 2008, 10,90 €
A partir de los 3 años
Por Anabel Sáiz Ripoll, doctora en Filología y especialista en LIJ
El bosque encantado es uno de esos álbumes deliciosos que juega con el aprendizaje de los niños más pequeños y les permite, de una manera bonita e imaginativa, conocer el nombre de los dedos de la mano.
Ignacio Sanz, en verso, escribe una historia llena de metáforas y de imágenes sugerentes para que el niño sepa, al final, como se llaman sus dedos, pero no sólo eso, sino que estimule la imaginación e invente aventuras para cada uno de ellos. Así, el autor identifica el brazo con árbol y, a partir de aquí, comienza el juego metafórico. Ese árbol tiene cinco ramas que son los dedos y cada dedo presenta una característica propia. Parte, pues, de lo general para llegar a lo más concreto. El pulgar, dice, se llama así porque aplasta pulgas; el índice porque señala los peligros (y también es con el que nos hurgamos la nariz); el corazón es como un rey, porque está en el centro de la mano; el anular es el que lleva los anillos y, por último, el más simpático es el meñique, el más pequeño. Conocidos ya todos los dedos y todas las ramas, de nuevo los agrupa para formar con ellos un bosque muy particular y allí el autor sí imagina y fantasea porque supone que todos los dedos podrán ser abrigo de animalillos y , en definitiva, se convertirán en “el bosque encantado”.
El texto del cuento va acompañado de unas sugerentes ilustraciones que nos permiten leer e interpretar a la vez. No obstante, al final del relato se reproduce todo el poema para que el niño lo lea seguido, reconozca la musicalidad y puede que lo aprenda porque El bosque encantado es un libro para ser leído en voz alta, sin duda.
Ignacio Sanz, segoviano de nacimiento, aparte de otras ocupaciones, siente interés por la escritura que combina con sus trabajos en cultura tradicional y etnografía. Precisamente el libro que estamos comentando podría ser de gran utilidad para aquellas personas que quieran organizar una animación a la lectura con la participación de los pequeños ya que a la vez que se lee, se pueden ir señalando los dedos y jugando con ellos.
Noemí Villamuza, palentina, es una ilustradora muy conocida ya que ha publicado más de 25 libros, por lo tanto pone toda su experiencia al servicio de este relato al que imprime gracia y sugerencia, ya que las ilustraciones están hechas a dos colores, el marrón y el verde, que son los colores que encontramos en un árbol, en “El bosque encantado”.
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